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WASHINGTON, D.C. – Gracias, Sr. Portavoz. Al pueblo de Puerto Rico, a las familias que han perdido un esposo, un padre, una hija, un hijo, en nuestras guerras, en defensa de los Estados Unidos, aprovecho este momento para unirme a sus sentimientos. Podemos debatir sobre el estatus político, pero no sobre el patriotismo del pueblo de Puerto Rico.
La historia de m ás de un siglo de esta Isla dentro de la familia de los Estados Unidos ha sido significativa. Cedido por España como resultado de una guerra, Puerto Rico fue una de las primeras áreas continentales fuera de los Estados Unidos donde se alzó la bandera estadounidense. Para los Estados Unidos, fue un momento determinante en nuestro propio desarrollo político. En aquel entonces, cuando nuestra unión de Estados fue un conjunto de colonias inglesas rebeldes, entramos a jugar un papel contra el cual habíamos luchado antes.
Dada nuestra propia experiencia hist órica, ¿se hubiera imaginado alguien que nuestra nueva colonia iba a ser marginada y mantenida en un estado de desigualdad en nuestro marco político? Nuestro compromiso con el mejoramiento de Puerto Rico bajo el Tratado de París en 1898 es nuestro juez en el día de hoy.
Si nuestra medida de éxito va a ser el Puerto Rico de hoy, entonces debo resaltar que Puerto Rico se ha desempeñado bien conforme a los estándares de los Estados Unidos. Es un bastión de la democracia en el Caribe. Con una de las tasas de participación electoral más altas en nuestra Nación, Puerto Rico deja en vergüenza a muchos de nuestros propios Estados en cuanto a su energía y entusiasmo para elegir a sus líderes. Económicamente, es una potencia entre las naciones del Caribe y es considerado un refugio para muchas de las compañías del Fortune 500 en nuestro continente.
De igual importancia para el éxito político y económico de Puerto Rico son las aportaciones de la Isla a nuestra propia cultura. Cada aspecto del arte, la música, el teatro y los deportes en los Estados Unidos ha sido influenciado por la cultura y gente de Puerto Rico.
Adem ás de estas aportaciones, también existe el patriotismo de Puerto Rico, comenzando en la Primera Guerra Mundial cuando 20,000 puertorriqueños estaban destacados en el ejército de los Estados Unidos. No cabe duda que decenas de miles más actualmente participan en nuestras fuerzas armadas, peleando nuestras guerras y muriendo por nuestro país.
El Comit é se reúne en esta mañana porque a pesar de lo que hemos ganado el uno del otro, no ha habido ningún logro definitivo hasta el momento en cuanto al estatus político de Puerto Rico - el cual es realmente el compromiso mayor que tienen los Estados Unidos con todos nuestros territorios.
En el siglo pasado, tres plebiscitos han medido los deseos del pueblo para lograr un avance en cuanto a su estatus político dentro de la familia estadounidense como territorio de los Estados Unidos. Es cada vez más claro que con cada plebiscito completado, todo se ha vuelto más confuso; especialmente cuando la selección de "Ninguna de los Anteriores" ganó más votos que ningún otro estatus político en la papeleta del plebiscito de 1998.
Se realiz ó un esfuerzo bajo el mandato del entonces Presidente Clinton para dar más claridad al asunto, estableciendo mediante una Orden Ejecutiva un Equipo de Trabajo para revisar las opciones de estatus que se pudieran considerar viables para establecer una forma de gobierno no territorial para Puerto Rico. La Orden fue ejecutada también bajo la Administración del Presidente Bush y por ello tenemos estas recomendaciones ante nosotros hoy.
Creo que la responsabilidad de este Comit é es el ser un negociador honesto con el pueblo de Puerto Rico en la medida en que este asunto se desarrolla. Sería engañoso el ignorar las recomendaciones de este Informe, las posiciones de nuestras Administraciones pasadas, la obra anterior de nuestro Comité, las leyes internacionales y, de hecho, la Constitución de nuestro país.
En la mesa de los Estados Unidos, Puerto Rico ha estado por m ás de un siglo en una silla de dos patas. No tiene plenos poderes, ni plena representación. Y esto no debe ser así.
En estos tiempos, ciertamente todos los pueblos representados por una democracia deben poseer una voz de igualdad en asuntos que los afectan no solo a ellos, sino a sus generaciones futuras tambi én. A Puerto Rico se le ha negado esta voz por demasiado tiempo.
En mi opini ón, este Informe deja en claro los caminos que se pueden seguir. Mantiene nuestra honestidad hacia Puerto Rico, ya que independientemente de nuestras afiliaciones personales, tenemos la responsabilidad de ser claros y honestos durante este proceso y de dejar a la mayoría del pueblo de Puerto Rico decidir su futuro.
Y con este Informe y esta reuni ón hoy, creo que estamos iniciando un proceso que algún día será visto como uno de esos infrecuentes momentos en que la historia misma parece estar en suspenso.
Muchas gracias. |
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